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¿Súper Mamás?

2020-03-06 15:35:30 UTC

¿Súper Mamás?

¿Existen las super mamás? …Muchas imágenes se crean en torno al papel que debe tener una madre, como si pudiéramos enmarcarnos en un determinado “rol”. Sin duda, una de las imágenes más recurrentes es la de esa mamá que practica un triatlón perfecto entre su familia, su trabajo y si misma. Hoy queremos conversar respecto a esa idea y eliminar aquellos mitos que nos alejan de un experiencia real. 

 “Comprender la perfección que hay detrás de cada imperfección”   

En primer lugar, debemos rechazar el mito de esa super mamá capaz de hacerlo todo a la perfección. Ser una super mamá, es más bien ser verdaderamente una misma. Aprender y disfrutar de algún modo de nuestros errores, reírse de una misma. Es saber que “no tenemos que ser perfectas en todas las etapas de la carrera”… porque simplemente no es posible.

Sería un disparate discutir a estas alturas la inabarcable trascendencia del papel de una madre en la vida de sus hijos. Sin querer menoscabar el papel de los padres, la vida tardaría tiempo en cobrar sentido, si es que llegara a alcanzarlo, si no tuviéramos a nuestro lado a esas mujeres, de cara entre sonriente y preocupada, a cuya voz uno puede tirarse por un barranco sin albergar la más mínima duda de ser rescatada entre sus brazos.

La idea que resume lo que las madres (y los padres) ofrecen a sus hijos es, obviamente, amor, en toda la complejidad de la palabra. Pero, visto desde un punto de vista más cotidiano y operativo, los hijos sienten que sus madres les aportan seguridad, protección, tranquilidad, comodidad y un valor de referencia universal que se canaliza a través de un despliegue de generosidad, sacrificio y servicio en grado superlativo. 

“Favorecer la autonomía de nuestros hijos con el paso del tiempo”

Todos compartimos teóricamente la necesidad de que los hijos asuman, a medida que van creciendo, el control de sus vidas. Pero, solo hay una manera de que asuman el control: que se lo cedamos gradualmente nosotros. Y esta es la manera de promover una de las características que mejor nos definen como especie social: la capacidad de adaptación.

Ser una super mamá es lo contrario a caer en la tentación de retrasar el traspaso de poderes, muchas veces con el claro objetivo de hacerle la vida más fácil (o incluso de proteger al hijo o la hija que consideran más débil, por el motivo que sea), pero sin darse cuenta de que esa vida fácil hoy puede conllevar mañana un aprendizaje exterior tardío y, por lo tanto, más duro y complicado.

Darles espacio e iniciativa a nuestros hijos significan: frecuentes oportunidades de aprendizajes prácticos de todo tipo; capacidad para abordar y resolver problemas cotidianos; iniciativa y temple para afrontar situaciones difíciles; quizá incluso sentido de la responsabilidad y, consecuentemente, un desarrollo incipiente de su sentido moral. En definitiva, alcanzar el nivel de autonomía personal esperable para su edad e ir  consolidando su autoconcepto.

¿Cómo autoreconocer que no permitimos su autonomía?

Somos esclavos de nuestras palabras… muchas veces es nuestro mismo lenguaje el que nos permite inferir que hay algo que nos impide darles espacios de autonomía a nuestros hijos (según su edad): “Yo es que lo quiero mucho”, “es todavía demasiado pequeño (o joven) para apañarse solo”, “es que conmigo lo hicieron y no me quedó ningún trauma”, “es que él no sabe hacerlo, ya aprenderá”, “es que no me cuesta nada hacérselo, e incluso me gusta”, “es que me cuesta menos hacerlo que explicárselo”, “es que no me atrevo a decirle que no”, “se lo hago, pero solo esta vez, a partir de ahora…”, “es que me gusta estar presente en su vida”, “ya tendrá tiempo de hacerlo solo”.

Sin duda, cambiar esa forma de pensar es posible, pero no fácil; al menos no sin recibir una ayuda externa, de la pareja, de la familia o de los amigos. Se necesita una ayuda objetiva, pero sensible; de alguien que se muestre capaz de conciliar sutilmente el estímulo de cambio y la empatía, porque uno de los primeros sentimientos que surgen al intentar favorecer la autonomía de nuestros hijos es que se les está abandonando a su suerte y, por lo tanto, en alguna medida se les está fallando. 

¡Algunos consejos de una madre a otra!

1. Enséñale a hacer, no se lo hagas. Sabemos que enseñar es más pesado que hacer, pero es lo que toca.

2. Ayúdale, no lo hagas en su lugar. Sabemos que tú sabes, pero esa no es la cuestión.

3. Supervisa, monitoriza, orienta, aconseja. Ni lo sustituyas, ni lo abandones a su suerte.

4. Comenta y analiza lo que le salga mal, no se lo evites a toda costa. Al buen criterio de cada uno queda decidir en qué momento intervenir, siempre que ello favorezca el aprendizaje, porque se aprende más de los errores que de los aciertos (lo que no convierte el error en algo deseable: solo aprovechable).

5. No pierdas la ocasión de explicar las consecuencias de los actos: es un aprendizaje esencial para madurar. Esta es, en mi opinión, una de las pautas educativas primordiales, por lo mismo, no puede ignorarse con nuestros hijos.

6. Si tienes la tentación de hacerlo tú, pregúntate primero: ¿Estaré siempre ahí para hacérselo o tendrá que aprender a hacerlo (ella o él) tarde o temprano? Si ya está a su alcance, ese es el momento, no lo aplaces.

7. Si te entran dudas sobre cómo actuar, déjate llevar de la mano por esta pregunta: ¿Qué le sería más útil para el futuro? La respuesta correcta corregirá, casi sin darte cuenta, cualquier sesgo sobreprotector.