• +569 65181303 /
  • contacto.agugu@gmail.com

Menu

Carro

El carro de compras está vacío. Puedes volver y comenzar a agregar productos.

Blog

Más independientes

2020-10-26 02:08:00 UTC

Más independientes

¿Cómo enseñar a los niños a ser más independientes?

Todos deseamos que nuestros hijos/as sean mucho más independientes, pero ¿qué estrategias podemos seguir para conseguirlo, fomentando a su vez su propia autoestima y confianza en sí mismos? Te ofrecemos algunas pautas útiles, y algunos errores que deberías evitar.

No hay duda de que la vida sería muchísimo más sencilla si nuestros hijos fueran capaces de lavarse la cara, vestirse y desayunar o comer en los momentos adecuados, sin tener que repetir que lo hagan una docena de veces antes de poner a prueba nuestra paciencia.

Aunque esto es del todo imposible, especialmente cuando todavía son algo pequeños, sí es cierto que enseñarles a cómo ser más independientes no solo nos facilitará la vida, sino que también los pondrá en el camino para convertirse en personas -y en ciudadanos- mucho más responsables.

Desafortunadamente, tendemos a preocuparnos por lo que se debe hacer aquí y ahora, y no por los efectos a largo plazo que este tipo de elecciones diarias podrían tener. Es más, hacer las cosas por nuestro hijo, cuando en realidad sí puede ser capaz de hacerlas por sí solo, envía un mensaje involuntario de que no tenemos confianza en sus propias habilidades. ¿Y cuál es el resultado? El niño puede carecer de independencia, habilidades para resolver problemas y autoestima, llegando incluso a no poder, o no querer, llevar a cabo tareas que sí son apropiadas para su edad. Es lo que los expertos conocen como “impotencia aprendida”, la cual, efectivamente, ha acabado aprendiendo de sus padres...

No obstante, esto no impide que enseñarles a ser más independientes pueda ser algo complicado. Especialmente si no sabemos por dónde empezar, o si no disponemos de las estrategias necesarias para conseguirlo. Por suerte, sí existen una serie de pautas simples que podríamos seguir para ayudarnos a ganar más responsabilidad y una mayor libertad, paso a paso.

(1)Establece rutinas

¿Sabías que a la mayoría de los niños tiende a irles muchísimo mejor cuando tienen una serie de rutinas bien establecidas? Una buena rutina, de hecho, los ayudará a saber lo que deben hacer, y además llevarlo a cabo en un orden específico. Y, a lo largo del día, podemos llevar a cabo y establecer distintas rutinas en función del momento en el que nos encontremos.

Por ejemplo, una rutina matutina podría involucrar lavarse la cara y peinarse el pelo, vestirse, desayunar, cepillarse los dientes y preparar la mochila de la escuela. Mientras que una rutina para después de la escuela, por ejemplo, podría involucrar almorzar en casa, disfrutar de un rato de charla mientras comemos con la familia, cepillarse los dientes hacer la tarea, disfrutar de 30 minutos de tiempo jugando con su juguete favorito, darse un baño, leer un libro e irse a dormir.

(2) Invertir tiempo en la enseñanza

Nunca es fácil ver al niño luchar por hacer algo en lo que, en realidad, podríamos intervenir fácilmente y llevarlo a cabo por nosotros mismos. Y es que, en definitiva, suele ser más sencillo hacer la mayoría de las tareas nosotros mismos, en lugar de enseñar a nuestro hijo cómo hacerlas. Y es aquí donde está el problema.

Debemos pensar en que el tiempo que pasamos enseñando a nuestro hijo a completar una determinada tarea, de manera independiente, se trata de una inversión, y no de una “pérdida de tiempo”. Por ejemplo, si le enseñamos a hacer su cama, luego pasaremos menos tiempo haciendo estas tareas en el futuro.

(3) Alaba el buen comportamiento

Cuando rompen las reglas o cuando no aprenden a seguir la tarea como es debido, es más fácil llamar la atención de los niños. Pero la atención (incluso la atención negativa) puede terminar reforzando el mal comportamiento, de manera que al final acabará siendo todavía más negativo.

La clave, por tanto, está en reforzar el buen comportamiento, valorando de forma muy positiva aquellos comportamientos en los que el niño/a efectivamente ha llevado a cabo algún tipo de tarea independiente.

Por ejemplo, si tu hijo/a hizo la tarea por su cuenta podrías decirle que estás impresionado/a porque se sentó a hacerla. O cuando guardó los platos en el estante, elogiarlo indicándole que ha llevado a cabo un gran trabajo.

Algunos errores que debes evitar

En el análisis final es cierto que existen cosas importantes que no podríamos hacer por nuestros hijos, por mucho que deseemos hacerlas. Y es que, como hemos visto, para crecer de la forma en que necesitan crecer, es fundamental que sean los niños y niñas quienes tomen la iniciativa, y, por lo general, se alejen de nosotros. A continuación, te explicamos algunos errores comunes que deberíamos intentar evitar siempre:

  • No podemos hacer felices a nuestros hijos todo el tiempo. Como opinan muchos expertos, realmente estamos biológicamente programados para empatizar con nuestros hijos en todo momento. Por ejemplo, cuando los notamos tristes tendemos a rodearlos con nuestros brazos; cuando lloran, corremos para ver si se encuentran o no en peligro. Queremos protegerlos como sea de todos los malos sentimientos, pero esta lucha y el sufrimiento en sí forma parte de la vida, y los niños deben ser capaces de aprender a manejar sus propias emociones.
  • No podemos darles una alta autoestima. Durante años, se ha promovido la autoestima como una forma eficaz de desarrollo pleno. Sin embargo, el resultado parece no haber sido el esperado, puesto que hoy en día se observan más casos de depresión y ansiedad entre los jóvenes, sin niveles más elevados de confianza en sí mismos. Esto significa que no es adecuado ni aconsejable decirles a nuestros hijos que son geniales todo el tiempo. Debemos recordar que la autoestima proviene de desarrollar habilidades, así como dominar diferentes tareas desafiantes por nuestra cuenta. Por tanto, el mayor sentido de logro que nuestro hijo podría experimentar debería provenir de tener éxito en una situación en la que había probado la derrota, estaba molesto o enfadado por ello, y luego consiguió triunfar.
  • No podemos -ni debemos- gestionar sus relaciones. Incluso cuando son bebés, aún cuando podamos organizar citas para jugar, los niños tienden a enseñarse los unos a los otros a ser amigos. “Mamá, hice un nuevo amigo” suele convertirse en uno de los gritos característicos de la independencia del niño, por lo que lejos de intentar controlar sus relaciones, lo único que debemos hacer es apoyar sus amistades.
  • No regañes ni ruegues. Regañar al pequeño solo acabará fomentando una mayor dependencia, al igual que darle recordatorios continuamente para que haga las cosas. Debemos evitar decirle que debe llevar a cabo tal cosa si desea ganar su recompensa. Si lo hacemos, el pequeño no creará una forma de recordarse a sí mismo qué es lo que debía hacer. Por tanto, debemos resistir el impulso de rogarle que haga la tarea, o regañarle si aún no lo ha hecho, dándole únicamente instrucciones de vez en cuando.