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Los primeros 1000 días

2020-01-31 18:25:52 UTC

Los primeros 1000 días

Durante los primeros años de vida de un bebé, sus neuronas forman nuevas conexiones a una velocidad asombrosa, entre 700 a 1.000 por segundo, un ritmo que nunca se volverá a repetir. De estas conexiones dependerá el futuro del niño, por lo que es muy importante favorecer su correcto desarrollo neuronal desde el primer momento.

¿cómo influyen las experiencias tempranas tras el nacimiento del niño en su futura capacidad de aprendizaje y su bienestar mental?

La importancia de un apego seguro en sus primeros 1.000 días

Mucho se habla sobre la importancia de los 1000 primeros días de un bebé y de cómo todo lo que ocurre en estos tres primeros años acaba repercutiendo en su futuro. 

En este tiempo, el cerebro del niño comienza a desarrollarse a gran velocidad, adquiriendo el lenguaje y las destrezas sociales y emocionales que necesitará para su etapa adulta. De su correcto desarrollo dependerá su bienestar futuro, no en vano, el 40 % de las habilidades mentales del adulto se forman en los tres primeros años de vida. 

Durante esos primeros 1.000 días, el niño desarrolla el 85% de su capacidad cerebral, y su correcto desarrollo dependerá de la calidad de sus primeras interacciones, especialmente con sus figuras de referencia.

En este sentido, para potenciar el pleno desarrollo emocional del bebé y que crezca sabiendo relacionarse, es fundamental que durante sus primeros años de vida la familia fomente una alta estabilidad emocional mediante un apego seguro.

Claves para favorecer un apego seguro

La familia del niño en general, y más concretamente sus padres o figuras de referencia, deben favorecer la contrucción de ese apego seguro respondiendo a las necesidades del niño, y aportándole la estabilidad y seguridad afectiva que necesita mediante:

  • El contacto físico: tocar a nuestros hijos, abrazarles y criarles con cariño y respeto, generará oxitocina que les ayudará a crecer tranquilos, relajados, confiados y sintiéndose amados.
  • Las palabras y las sonrisas, ya que según las investigaciones, este tipo de interacción con las figuras de apego a edades tempranas nutre al bebé y estimula su desarrollo emocional.
  • El tiempo juntos, ya que durante los primeros años de vida, los niños entablan las primeras relaciones con círculo familiar más cercano, siendo la relación más intensa emocional y físicamente hablando la que se crea con sus padres y, sobretodo, con su madre.
  • El consuelo y la protección: el cerebro de un bebé que se siente desatendido generará cortisol, la hormona del estrés, que le hará crecer temeroso, desconfiado y asustadizo. Por eso es importante consolar al niño que llora, y a medida que crece, acompañarle emocionalmente desde la seguridad y el respeto.
  • El juego, pues a través del juego libre aprenderán a conocer y a interactuar con el mundo que les rodea, perfeccionarán su psicomotricidad y lenguaje y, en definitiva, repercutirá positivamente en su desarrollo cognitivo, social y educativo.
  • Una correcta alimentación.

Este vínculo de apego provoca en el niño una serie de sentimientos que hacen que crezca sabiéndose importante para alguien y, por tanto, favoreciendo su seguridad y autoestima.