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¿Cómo abordar el estado de emergencia con nuestros hijos?

2019-10-21 22:46:16 UTC

¿Cómo abordar el estado de emergencia con nuestros hijos?

¿Cómo les hablo a mis hijos lo que está pasando?, ¿Cómo los puedo ayudar?, ¿Cómo sé si la situación les está afectando?, ¿Cómo los protejo de la tensión?, ¿Qué actividades pueden ayudar en estos momentos?

Como Padres, tratar de entender y acompañar a nuestros hijos en sus distintas etapas de desarrollo suele ser un desafío importante. No obstante, en situaciones de tensión en donde nuestra rutina se ve interrumpida y nos cuesta mantener la calma, dicha labor se vuelve aún más compleja. Nuestros hijos nos conocen mejor que nadie y aunque quizás no entienden qué es lo que está pasando, son capaces de captar nuestras emociones. Los niños son como esponjas, absorben lo que sucede a su alrededor y eso los afecta. Por este motivo, resulta fundamental ser capaces de proteger la salud emocional de nuestros hijos brindándoles el apoyo necesario para enfrentar una posible situación de estrés. 

¿Cómo responden los niños ante las situaciones de estrés?

Los niños, al igual que los adultos, muy probablemente se sienten asustados y amenazados por las situaciones de violencia, eventos traumáticos puntuales o situaciones de estrés, las que afectan nuestra posibilidad de sentir seguridad, y muchas veces dan la sensación de que perdemos el control sobre lo que nos puede pasar. Como ha sido mencionado, las reacciones de nuestros hijos se van a ver influenciadas por nuestro comportamiento. Nosotros, y los adultos cercanos a ellos, somos sus modelos, les enseñamos, a través de nuestras acciones, palabras y lenguaje no verbal, cómo interpretar la situación y cómo reaccionar ante ella.

Los niños reaccionan al trauma de distintas maneras. La intensidad de sus reacciones dependerá, entre otras cosas, del nivel de exposición a la violencia a la que estén sometidos. Mientras más cercanos hayan estado o estén a situaciones de conflicto o traumáticas, más probabilidades tienen de que se vean afectados por ellas. 

Si han sido víctimas o han presenciado eventos violentos su reacción será más intensa. Por otro lado, cada niño expresa sus sentimientos de manera diferente. La mayoría de las veces se sienten confundidos con lo que está pasando y con sus propios sentimientos y reacciones. Algunos niños reaccionan alejándose sin poder hablar del asunto, otros hablan sin parar de lo que ha sucedido. Hay niños que se sienten tristes y enojados en algunos momentos y en otros, actúan como si nada hubiese sucedido. Las reacciones de los niños al trauma pueden ser inmediatas, pero también pueden aparecer mucho tiempo después.

Los niños, a distintas edades, tienen diferentes niveles de desarrollo emocional. Sus reacciones a situaciones de estrés dependerán y variarán de acuerdo a la edad. Familiarizarnos con las reacciones típicas de los niños y conocer y entender cómo reaccionan nuestros propios hijos ante los conflictos que estamos viviendo, nos ayudará a brindarles el apoyo y la seguridad emocional que necesitan para manejar la situación y disminuir el impacto negativo que ésta pueda tener en ellos.

¡de 0 a 5 años ... niños y niñas en edad pre-escolar!

Los niños menores de 5 años no pueden entender bien lo que está pasando a su alrededor y esto, en parte, los protege de la situación de tensión que vivimos. Sin embargo, aún los más pequeños, perciben y absorben la angustia y ansiedad que nosotros tenemos.

Sienten que algo no está bien aunque no entienden qué y por qué. Los bebés y niños en edad pre-escolar reaccionan al miedo y a la tensión que sienten en los adultos cercanos a ellos, son sensibles y responden a la separación y a la pérdida de estabilidad y de rutina en el funcionamiento normal de la familia. La rutina les da seguridad, el caos los pone nerviosos, les afecta. A esta edad, los niños dependen física y emocionalmente de las personas que los cuidamos. Sus reacciones están fuertemente influenciadas por cómo nosotros, las personas que los amamos, en quienes ellos confían y con quienes se sienten protegidos, reaccionamos ante la situación.

A veces, los niños convierten el miedo y nerviosismo que absorben de su entorno en terribles fantasías, sienten que nosotros o ellos corren peligro, tienen pesadillas donde se pierden, están heridos, los persiguen o les amenaza un monstruo. A veces, buscando una explicación, llegan a creer que lo que está pasando o pasó es culpa de ellos... “si me hubiera portado bien, si hubiera recogido los juguetes, nada de esto habría pasado”.

A estas edades, con frecuencia, los juegos de los niños recrean, una y otra vez, detalles de lo que está sucediendo. Elementos de la realidad, palabras, situaciones o imágenes aparecen en su juego. A través del juego los niños expresan sus angustias, sentimientos y emociones. A través del juego, de la dramatización de los eventos, los niños tratan de manejar y dar sentido a lo que está sucediendo, buscan tener algo de control sobre la situación. En estos momentos, el juego se convierte en su terapia. Jugar es una manera intuitiva de tratar de entender, de expresarse, de cuidarse y de sanarse.

Algunas de las reacciones típicas y normales de menores de 5 años son:

  • Se aferran a personas o padres que los cuidan: Quieren estar pegados a ellos. No se quieren separar.
  • Lloran, gritan o se quejan con más frecuencia. 
  • Vuelven a tener comportamientos de un niño menor (volver a hacerse pipí, chuparse un dedo, etc)
  • Sienten miedo a que algo le pase a las personas que los cuidan.
  • Tienen miedo a irse a dormir, a la oscuridad, a salir de la casa.
  • Evitan el contacto con personas o situaciones que no conocen.
  • Se vuelven intranquilos.
  • Se portan “mal”, haciendo cosas que no deben, se vuelven agresivos. 
  • Se vuelven muy pasivos o callados.
  • Recrean eventos traumáticos a través del juego. 

¡de 6 a 11 años ... niños y niñas en edad escolar!

Los niños en edad escolar, aunque todavía no entienden bien todo lo que pasa, ya perciben y saben lo que significa una amenaza para ellos y para otras personas. A esta edad todavía les cuesta entender ideas abstractas, pero son capaces de comprender explicaciones concretas, sencillas, adaptadas a su nivel.

Ahora no sólo ven lo que les pasa a ellos y a su famila sino que se dan cuenta de lo que pasa más allá de su hogar: en la escuela, en la calle, en su barrio y en el país. Son capaces de considerar puntos de vista diferentes al suyo. Como su forma de pensar sigue siendo muy concreta, les cuesta entender en profundidad situaciones traumáticas y complejas como son la violencia social y política. Si la situación actual en ocasiones es incomprensible y difícil de procesar para nosotros los adultos, para ellos lo es más. Por eso, porque entienden pero no entienden todo, porque captan pero no completamente, los niños de estas edades pueden volverse muy temerosos, confundidos y ansiosos ante lo que está pasando. Pueden sentirse muy angustiados por la amenaza real que significa el que algo le pase a él, a un ser querido o a un amigo.

Sus reacciones pueden ser impredecibles, cambiando de un estado emocional a otro, pueden pasar de ser tímidos y retraídos a ser agresivos; evitar las muestras de cariño o buscarlas, requiriendo en forma constante nuestra atención. Pueden quejarse de dolores físicos, volver a sentir miedos de cosas ya superadas o, como en el caso de los niños pequeños, comportarse como niños de menor edad. Los más jóvenes de este grupo de edad pueden, como los niños pequeños, recrear en sus juegos las situaciones traumáticas que se están viviendo y hacer dibujos de los eventos que les generan tensión.

A estas edades todavía no son suficientemente independientes para hacer algo que pueda ayudar a cambiar las cosas, sentirse más seguros y disminuir sus miedos. Se pueden llegar a sentir inútiles y culpables por ‘no hacer nada’. Todavía dependen en gran medida del apoyo físico y emocional que nosotros les proporcionamos.

Es posible que los niños en edad escolar ...

  • Se vuelvan irritables o revoltosos.
  • Tengan estallidos de rabia o agresividad, inicien peleas, cuestionen la autoridad.
  • Se retraigan, se aíslen, quieran estar solos.
  • Se vuelvan reservados aún cuando estén entre amigos, familiares y maestros.
  • Les cueste concentrarse y poner atención en la escuela, salgan mal en la escuela,
  • hagan mal las tareas.
  • No quieran ir a la escuela.
  • Tengan problemas para dormir, tengan pesadillas o se queden dormidos durante el
  • Día.
  • Se vuelvan temerosos, tengan nuevos miedos o regresen miedos superados - miedo
  • a la oscuridad, a los ruidos, a estar solos.
  • Se depriman.
  • Se sientan culpables por las cosas que pasan.
  • Se quejen de problemas físicos, tengan dolores de barriga o de cabeza.
  • Eviten las cosas que le recuerdan lo que pasa o la situación por la que pasaron.

¿Qué podemos hacer? – Recomendaciones para ayudar a nuestros hijos en estos momentos...

Algunos de nuestros hijos están asustados y confundidos con lo que está pasando. Nuestra tarea principal es tranquilizarlos, tratar de reestablecer en ellos un sentimiento de seguridad, que sientan que están a salvo, que están protegidos y que son queridos. Que a pesar de los peligros que puedan haber, nosotros estamos ahí con ellos para cuidarlos.

Aunque los niños, por lo general, son muy resistentes, tienen defensas naturales que les ayudan a sobrellevar momentos difíciles, en estos momentos tan violentos y de tanta angustia, necesitan un apoyo especial de nosotros sus padres.

En sociedades que han atravesado conflictos sociales aún peores que los nuestros, se ha encontrado que el factor más importante que ayuda a proteger la salud física, mental y emocional de los niños son los padres y madres en el hogar.

Nosotros podemos ayudarles a trabajar sus emociones, a fortalecer sus defensas emocionales, podemos brindarles el apoyo y la protección necesaria para enfrentar la situación.

Recomendaciones Básicas

  • Trata de mantener la calma. Los niños captan nuestra angustia. Mientras más tranquilos estemos con más calma responderemos a sus necesidades y ellos se sentirán más seguros.
  • No hagas como si nada estuviera pasando ni evites hablar de eso. Los niños son inteligentes, saben que algo no anda bien y pueden preocuparse si creen que tenemos miedo de hablar sobre lo que ocurre. Además si no les hablamos nosotros lo hará otra gente.
  • Diles la verdad. Aclara sus dudas. Explícales la situación en forma sencilla, a su nivel, sin detalles innecesarios que puedan angustiarlos más.
  • Mantén una rutina y normas lo más normales posible. Mantener las rutinas - comidas, baño, juegos, dormir...- es muy importante. La rutina pone orden, les da seguridad, es ‘terreno conocido’, los tranquiliza. Pero no debemos ser inflexibles, al niño le puede costar concentrarse en las tareas o irse a dormirse.
  • Sé cariñoso, y en la medida de lo posible, mantente cerca de los niños. Nuestra presencia y el contacto físico les da seguridad, los reconforta y nos permite darnos cuenta de sus reacciones. El abrazo, el dejarlos sentarse con uno, el estar tiempo extra con ellos al acostarse, los hace sentirse queridos y a salvo.
  • Permíteles y ayúdales a expresar lo que sienten, hablando o a través de vías no verbales como el arte o el juego. Explícales que es normal, en algunos momentos, sentirse bravos o tristes.
  • Evita que vean imágenes violentas y estén presentes en discusiones políticas acaloradas.
  • Realiza con ellos actividades positivas como juegos, cantos, dibujos, oraciones o salidas al parque si es seguro.
  • Protejamos a nuestros hijos de la polarización y la intolerancia que han fracturado al país y roto la convivencia.
  • No dejemos que la violencia se meta en nuestros corazones y nos domine.